“No hay vida sin movimiento; el cuerpo en movimiento es placer, es la vida que explota, es la verdadera expresión del ser.”

La psicomotricidad nace a principios del s. XX, de la fusión de la psicología y la motricidad. La finalidad de la psicomotricidad es el desarrollo integral de las personas, que incluye el ámbito motriz, cognitivo y socio afectivo.

La psicomotricidad acompaña a los niños y niñas en su desarrollo madurativo, partiendo de sus propios recursos y potencialidades, desde los primeros meses de vida hasta los 7 ó 8 años, priorizando la expresión no verbal y las actividades exploratorias. Para ello, se utiliza el juego, el movimiento y la relación con los objetos y las personas. Y lo hace de manera lúdica, creativa, imaginativa y juguetona, considerando el placer como el motor para motivar y fomentar el aprendizaje y la evolución de los niños y de las niñas.

Las herramientas y recursos de que dispone la psicomotricidad son: el cuerpo, el espacio, los materiales, los juegos, la comunicación, el dibujo, los masajes, el diálogo, la imaginación, la interacción con el adulto, las relaciones entre ellos, etc.

Todas las sesiones de psicomotricidad se crean a partir de la escucha de l@s niñ@s. Hay acciones individuales, que se adaptan a las necesidades evolutivas de un niño o de una niña en concreto; y hay acciones grupales, que se adaptan a las necesidades del grupo y fomentan las relaciones sociales, la cohesión grupal y la integración de todos sus miembros. La psicomotricidad respeta la unicidad de cada persona, la acepta tal como es, y la ayuda a evolucionar y a adquirir competencias, para que se convierta en una persona autónoma, con una buena autoestima, capaz de compartir, cooperar, dialogar, ser tolerante y solidario, con capacidad para crear vínculos y relaciones afectivas de calidad, y de convivir en armonía en sociedad. Los valores que fomenta la psicomotricidad son la tolerancia, la solidaridad, la cooperación, el diálogo y el compartir.