¿Para qué? ¿De qué sirve? ¿Qué es esto de abrazar a mi hombre y a mi mujer interior?

Pues es bien simple: todos  nacemos de una mamá y de un papá, todos tenemos un hemisferio derecho y otro izquierdo.

Mamá nos cuida, nutre, abraza, escucha, comprende…  Papá nos guía, nos enseña, nos reta, nos protege… El hemisferio derecho rige nuestra capacidad de sentir, de abrazar, de gozar, de conectar, de crear, de expandir, de amar… Nuestro hemisferio izquierdo rige la estructura, la mente, la estrategia, la dirección, la técnica, el enfoque, la individualidad…

Cuando integramos papa y mama en nosotros, cuando armonizamos nuestros hemisferios, entonces nos sentimos en paz y dicha. Cuando nuestro masculino (presencia y consciencia) le da forma a nuestro femenino (energía y amor) se crea la magia. Y para mí, la magia es cuando estamos en comunión con nosotros mismos. Y esto nos permite estar en comunión con los demás, con la vida, con el todo  y con el más allá.

Cuando integramos nuestro masculino y nuestro femenino, nos convertimos en naranjas enteras. Cuando somos naranjas enteras, nuestro hombre interior y nuestra mujer interior están unidos, integrados, fusionados y en paz; se quieren, se aprecian, se respetan y se aman… danzan la vida! Entonces la vida se llena de goce, de placer y de éxtasi, no exenta de responsabilidad, de sentido común y de consciencia.

Nuestro masculino y femenino, nuestro hombre y mujer interior, nuestros hemisferios cerebrales pueden estar desconectados, puede que uno esté en exceso y el otro en defecto, pueden estar en lucha, pueden ignorarse, pueden estar bloqueados…

Que sucede cuando por ejemplo nos encontramos con un músico virtuoso, que hace maravillas con su instrumento y tiene mucha técnica, pero no nos llega al corazón, no nos transmite nada o comunica poco? Esta persona necesita desarrollar la capacidad de transmitir y de comunicar, de unir la técnica a la emoción, a la sensibilidad. Es un claro ejemplo de un hemisferio izquierdo muy desarrollado, que le faltaría desarrollar el hemisferio derecho.

Que sucede cuando  nos encontramos con un cantante que nos emociona, nos desgarra, nos pone los pelos de puntas, nos llega al corazón, pero nos chirrían los oídos y nos molestan sus gallos y su desafinación? Esta persona necesita desarrollar la técnica, aprender a afinar i canalizar su gran capacidad expresiva. Es un ejemplo de un hemisferio derecho muy desarrollado, que le faltaría desarrollar el hemisferio izquierdo.

Los grandes genios, como por ejemplo Einstein o Leonardo da Vinci no solo tenían los dos hemisferios muy desarrollados, sino que estaban unidos, integrados y en armonía. Einstein fue capaz de unir ciencia y espiritualidad, materia y energía. Leonardo creó hermosas pinturas llenas de sensibilidad, realizadas con mucha técnica, y también complicados inventos tecnológicos para crear una vida mejor.

Una buena armonía entre masculino y femenino también se refleja en unas buenas relaciones.

¿Tu cómo estás? ¿Te sientes en paz contigo mismo? ¿Y con papá y mamá?  ¿Con tu familia? ¿Con tu pareja e hijos? ¿Con tus amigos y colegas de trabajo? ¿Con la autoridad? ¿Con el mundo? ¿Con el más allá?

Si es que sí, mi enhorabuena. Cuando te sientes en paz contigo mismo y con los demás, seguramente tienes los hemisferios cerebrales en armonía y bien integrados. Cuando hay lucha, indiferencia, enfado, miedo, dolor…quizás hay algo que modificar dentro de ti para equilibrar tus hemisferios y encontrar la paz.

¿Cómo eres?

¿Eres una persona estructurada, rígida, que le cuesta improvisar? Quizás te falta integrar un poco más tu femenino. ¿Eres una persona desestructurada, flexible, que le cuesta la disciplina? Quizás necesitas integrar más tu masculino. ¿Pasas de un extremo al otro? En este caso seguramente necesitas integrar el uno con el otro.

En el retiro Integrando polaridades vamos a explorar a nuestro hombre interior y mujer interior, y a fusionarlos para procurar paz y armonía en nosotros y en nuestras relaciones.

Cuando finalmente nuestro hombre y mujer interior se equilibran y danzan en armonía, avanzamos con firmeza, con una dirección clara, con sentido, gozando del camino, serpenteando, superando los retos y disfrutando de cada paso, de cada encuentro, de cada tropiezo, de cada persona que se cruza en él, de cada aprendizaje, de cada error, de cada sorpresa…  amando la danza de la vida!

 

Susana Ros Marti