Llegó la primavera.

Y tal como nos muestra la naturaleza, es tiempo de abrirnos, de salir de la oscuridad hacia la luz, de renacer, de expandirnos…de florecer!

Ha llegado la hora de expresarnos, de compartir, de crecer, de ser auténticos, de ir hacia lo que nos vibra y nos abre el corazón, de caminar hacia la consecución de nuestros anhelos, sueños y deseos.

Tiempo de mostrarnos al mundo, de honrar nuestra belleza (interna y externa), de saludar lo nuevo, de expandirnos hacia lo desconocido, de arriesgarnos.

La luz y el calor poco a poco se hacen más presentes, mágicamente, silenciosamente y con calma, alargando nuestros días y ofreciéndonos más energía.

Y nos apetece contactar con la naturaleza, darnos los primeros baños de mar, destapar nuestros cuerpos y exponerlos suavemente a los cálidos rayos de sol. Y sentimos el impulso de salir, de reencontrarnos con los amigos, la tribu, la familia, el clan… de abrirnos a nuevos encuentros y de conocer gente nueva.

Momento también para cuidar los brotes que sembramos en invierno, y que justo ahora comienzan a salir de la oscuridad de la tierra hacia la brillante luz del cielo; brotes aún tiernos, delicados y vulnerables, que necesitan aún de nuestra atención, amor y respeto para que sigan creciendo y floreciendo con todo su esplendor, llegando al máximo de su potencial en verano.

Y así como las flores, nosotros también nos engalanamos y nos abrimos de nuevo a la vida, expandiéndonos y llenando nuestro entorno de luz y color. Después de la introspección, el silencio y el recogimiento del invierno, florecemos de nuevo, renovados, expansivos, bellos…

…plenos de luz y de vida!

 

Susana Ros